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Cristina L. Tarrida: “El trabajo mental y racional de un analista no es sustituible por ningún algoritmo”

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20 Sep Cristina L. Tarrida: “El trabajo mental y racional de un analista no es sustituible por ningún algoritmo”

Vivimos inmersos en un era tecnológica, donde la inmediatez informativa y el fácil acceso a datos y noticias marcan nuestra día a día. En este contexto, las redes sociales se han convertido en una herramienta cotidiana de trabajo con sus pros y sus contras: la manipulación y las informaciones falsas, amparadas en muchas ocasiones por el anonimato,  han creado un efecto de desinformación sin precedentes. El trabajo del analista de inteligencia puede verse afectada por esta situación.

Cristina López Tarrida, experta en Ingeniería Social y Hacking Psicológico, nos advierte de los riesgos del exceso de información y apela al pensamiento crítico como piedra filosofal del trabajo del analista, en un escenario donde es difícil distinguir el limite entre opiniones, hechos y noticia contrastadas .

En el campo de obtención de información, ¿cuáles son los problemas fundamentales con los que puede encontrarse un analista de inteligencia?

En el momento actual, creo que el principal problema con el que se enfrenta un analista de inteligencia es el exceso de información disponible, lo que algunos han considerado a llamar infoxicación. A priori, podría percibirse como una ventaja, pero lo cierto es que la ingente cantidad de información disponible, consecuencia del proceso de digitalización y el acceso a Internet, puede llevar al analista a una situación de bloqueo.

No podemos olvidar que cualquier análisis de inteligencia se enmarca dentro de unos recursos, capacidades y tiempos limitados. Ser capaz de discernir qué información es realmente útil para el análisis es uno de los grandes retos a los que se enfrenta el analista.

¿A qué riesgos nos enfrenamos cuando obtenemos información en redes sociales?

Según estudios recientes, las redes sociales se están consolidando como el principal medio para consumir noticias. Sin embargo, el analista de inteligencia debe ser consciente de que la información disponible en redes sociales puede estar sujeta a intereses bien distintos del de informar y, sobre todo, del de hacerlo con fiabilidad.

Hay dos aspectos principales a tener en cuenta. Por un lado, son muchas las plataformas digitales, más allá de periódicos y canales de TV online, que disponen de perfiles en redes sociales desde los que propagan contenidos como si de noticias se tratasen (entendiendo noticias como información contrastada y veraz). Esto es debido a que estas plataformas subsisten gracias a la publicidad que acompaña a los contenidos que divulgan, por lo que la calidad de dicha información queda relegada a un segundo plano en pos de obtener mayor número de visitas que sostengan su modelo de negocio. Existe cierta predisposición de los medios a aceptar como verídica cualquier información, aun sin contrastar que, por su  novedad, potencial viralidad o interés general les ayude a incrementar su audiencia y posicionamiento. Esto complica sobremanera el trabajo del analista a la hora de catalogar la fiabilidad de las fuentes y la credibilidad de la información.

Por otro lado, las redes sociales propician un modelo participativo. La información se ha democratizado y esto tiene como consecuencia que cualquier usuario se convierte de forma automática en un medio de comunicación, con el desafío que esto supone para el analista, que habrá de ser capaz de distinguir entre hechos y opiniones en un escenario donde ambos conforman una mezcla difusa.

Manipulación versus información

¿Existe manipulación en las informaciones que podemos encontrar en fuentes abiertas y redes sociales? 

Creo que, a día de hoy, a casi nadie le cabe ninguna duda de que existe manipulación de la información a todos los niveles. Quien controla la información tiene el poder y a lo largo de la historia encontramos multitud de ejemplos que demuestran que esto es así. Los intereses tras la manipulación son muy variados, desde decantar la balanza de opiniones en uno u otro sentido, hasta conseguir que el usuario permanezca consumiendo contenidos de forma compulsiva.

Desde mi punto de vista, lo más importante es no ignorar este hecho. La manipulación se articula mediante la desinformación. Aunque la desinformación es un juego antiguo, los avances de las nuevas tecnologías, el auge de las redes sociales y, sobre todo, la democratización de los medios de comunicación, propician que cualquier grupo, organización o individuo disponga de las mismas posibilidades de publicar y, en consecuencia, de manipular o influir.

¿Qué consecuencias pueden derivarse de esta situación?

Esto puede tener consecuencias graves, por ejemplo, para los sistemas democráticos tal y como los conocemos, ya que campañas orquestadas por según que interesados pueden provocar corrientes de opinión desestabilizadoras o subversivas, resultado de una manipulación dirigida. Desde mi punto de vista, el fenómeno de la desinformación ha mutado a una nueva versión (yo la llamo Desinformación 2.0), con un alcance, impacto, inmediatez y ubicuidad sin precedentes, por no hablar de su descentralización, automatización y anonimato. Los medios sociales son potenciales armas de desinformación masiva.

 Cuando un analista busca información en fuentes abiertas y redes sociales, ¿vale con su práctica como usuario o son imprescindibles otros conocimientos? 

Son imprescindibles otros conocimientos y capacidades, como el dominio de técnicas específicas de análisis, la detección de sesgos o el pensamiento crítico, por ejemplo. Desde luego, estos conocimientos serían deseables a nivel de usuario, dada la problemática que hemos comentado anteriormente, pero es imposible convertir a cada individuo en un analista de inteligencia. Personalmente, quiero pensar que los analistas de inteligencia son conscientes de la gran responsabilidad que supone generar inteligencia en la era de la información.

¿Existe en nuestro país suficiente formación para el analista de inteligencia? 

Confío en la calidad de la formación que se imparte en España. Pero no podemos estancarnos. El escenario de trabajo ha cambiado y es, desde mi punto de vista, mucho más exigente. Vivimos un momento paradójico en el que disponemos de más información que nunca y, sin embargo, estamos más desinformados. Y resulta que la información es la base de la inteligencia.

¿No cree que pueden estar demasiado influenciados por la tecnología, en la creencia de que es la solución a todos los problemas del análisis de inteligencia?

Hemos de encontrar un equilibrio entre las técnicas tradicionales de inteligencia y las nuevas herramientas que proporcionan las tecnologías. Pero sin dejarnos cegar ni por unas ni por otras.

Las primeras han de adaptarse a los nuevos condicionantes, sobre todo a la infoxicación, y las segundas han de entenderse como herramientas de apoyo para alcanzar una solución, no como soluciones en sí mismas. En mi opinión, el trabajo mental y racional del analista no es sustituible por ningún algoritmo. El analista debe tratar los resultados proporcionados por las herramientas tecnológicas como una fuente de información más que habrá de clasificar según su fiabilidad, no como un dogma de fe.

Verificar fuentes y contrastar información

¿Dónde debemos fijar los pilares de una búsqueda certera y veraz en fuentes abiertas y redes sociales?

Para mí, los dos pilares fundamentales, tanto para un analista como para un usuario medio, son verificar las fuentes y contrastar la información. Adicionalmente, el analista ha de establecer un método de obtención de información que pasa por evaluar la credibilidad de la misma, la fiabilidad de la fuente, la autoría de la información (su origen, autor, sus credenciales o su tendencia ideológica, entre otras cosas), la vigencia de la información y su utilidad.

Como recomendación personal, diría que hay que intentar trabajar, siempre que se pueda, con fuentes primarias y, sobre todo, no creer todo lo que se lee. Ahora bien, más importante que los pilares son los cimientos, y ahí, sin ninguna duda, colocaría al pensamiento crítico.

¿Es posible diferenciar una fake new de una noticia fidedigna? ¿Cómo debemos hacerlo?

Siempre se dice que la mejor forma de diferenciar una noticia falseada de una fidedigna es aplicar el sentido común. Yo creo que cada vez es más difícil hacerlo únicamente aplicando el juicio ya que, cada vez, la desinformación está más elaborada. La primera pista no las puede dar el titular de la noticia. Si éste apela a alguna emoción como la compasión, la indignación, el miedo o el morbo, debemos activar la señal de alarma. El modelo de negocio del periodismo digital se sustenta en la publicidad, luego, cuantos más usuarios cliquen en la noticia en cuestión, mayores serán sus ingresos. Esto lo consiguen mediante titulares atractivos que explotan nuestras vulnerabilidades como seres humanos.

Si no hemos conseguido detectar este anzuelo, el siguiente filtro inmediato sería fijarse en la fecha de redacción de la noticia. Si no está disponible, esto debe ponernos sobreaviso: muchas veces se utilizan noticias antiguas para volver a reactivar determinadas corrientes ideológicas  o reacciones en cadena, respondiendo a algún interés concreto.

También sería necesario comprobar la autoría de la noticia, tanto en lo que se refiere al medio como al autor de la misma. Muchos sitios de difusión de noticias falsas se disfrazan de medios confiables, luego es interesante comprobar la dirección URL y otros aspectos del diseño que puedan darnos una pista sobre la fiabilidad del sitio. Si a pesar de los pasos realizados hasta ahora, seguimos creyendo que la noticia es fiable, principalmente hemos de estar atentos a dos aspectos sobre el contenido: su redacción (faltas de ortografía, textos mal expresados…) y su intención. Si se intuye algún interés ideológico o partidista, quizás no estemos ante una noticia falsa en el sentido estricto (ya sabemos que la mayor parte de los periódicos responden a una línea editorial), pero sí ante una notica que tiene como objetivo influir en nuestras opiniones o decisiones.

Por otro lado, debemos tener cuidado con el poder de las imágenes, sobre todo si éstas nos provocan reacciones viscerales, ya que pueden estar manipuladas o sacadas de contexto para empujarnos a difundir la noticia.

Por último, diría que, a veces, una simple búsqueda en Google puede ayudarnos a verificar la veracidad de una noticia, ya que, si ésta no es referida en otros medios o aparece ofreciendo una versión diferente, es altamente probable que estemos ante una noticia falseada o manipulada.

¿De qué porcentaje de noticias destinadas a la manipulación podemos hablar hoy en día?

La previsión, según los últimos estudios, es de que, en 2022, la mitad de las noticias que circulen por Internet serán falsas. Si a esto sumamos que tienen un 70% de mayor probabilidad de ser propagadas, llegando más lejos, más rápido y con más profundidad que las verdaderas, y que el 86% de los españoles reconoce tener dificultades para distinguir una noticia falsa de una verdadera, estamos ante un escenario, como poco, preocupante, más si tenemos en cuenta los objetivos detrás de ellas que, como ya hemos comentado, no son sólo económicos.

Así es que, las noticias falsas constituyen una verdadera problemática que no podemos obviar. Además, debemos comprometernos en su erradicación, ya que formamos parte del engranaje que garantiza su éxito, participando de su propagación y de su supervivencia en el tiempo.

Analistas y pensamiento crítico

¿Cómo puede afrontar un analista este escenario?

Como ya comentaba anteriormente, creo que el principal reto actualmente es ser capaz de superar con éxito tanto el exceso de información como la desinformación subyacente. Sinceramente, creo que los demás desafíos que ha de afrontar el analista son los de siempre, pero con un matiz nada desdeñable: la diferencia radica en las capacidades del analista que, debiendo de ser las mismas que en otros tiempos, deben ser superiores en calidad y efectividad. El profesional debe pasar de ser analista a súper-analista, con unas capacidades más desarrolladas, sobre todo en lo que se refiere a pensamiento crítico y analítico.

¿Cómo definiría el pensamiento crítico y cuál es su utilidad para un analista?

El pensamiento crítico es la piedra filosofal del analista de inteligencia. Sin él, su eficacia es inexistente y sus resultados, inútiles. El pensamiento crítico es la capacidad de reflexionar sobre las cosas de forma independiente; es razonar y analizar de forma consciente, identificando los sesgos que condicionan las propias evaluaciones y las influencias externas, manteniéndose al margen de su influjo. Es el pensamiento del observador que ni es influenciado ni interfiere con lo observado.

¿Cree que  puede ayudar contra la manipulación informativa?

Sin dudarlo. Es la luz en el camino. Éste puede ser pedregoso y podemos tropezar mil y una veces, pero el pensamiento crítico nos ayudará a no extraviarnos.



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