La elaboración y comunicación de los productos de inteligencia- I+L
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11 Mar Cómo elaborar y comunicar un producto de inteligencia

Por Ana Isabel Páramo Carretero. Analista y profesora de inteligencia en el Ministerio de Defensa

Los analistas solemos preocuparnos de obtener información y de analizarla para producir inteligencia, pero le dedicamos poca atención a elaborarla y a comunicarla a los destinatarios.

Hemos oído muchas veces que la información, el contenido, es lo que importa; pues bien, si no lo trasladamos bien, podemos inducir a error al destinatario, de manera que este tome una decisión errónea, con los efectos negativos que ello puede tener.

Es frecuente que los analistas nos lancemos a la tarea de escribir sin aplicar la metodología adecuada para conseguir una correcta redacción, ni considerar la elaboración previa y la revisión posterior.

Estructuración del mensaje

La elaboración del producto consiste en estructurarlo con vistas a su comunicación, ya sea oral, ya sea escrita. Para ello, es importante determinar qué es lo realmente relevante para conformar el mensaje; ordenarlo para facilitar su comprensión; decidir cuándo difundirlo; tener claro el objetivo, y, por supuesto, saber a quién le interesa y para qué le puede servir.

La elaboración es la antesala de la redacción o de la preparación del despacho de inteligencia. Un buen planteamiento nos llevará, casi de modo inexorable, a la comunicación eficaz del producto. De nada servirán una obtención y un análisis impecables si no somos capaces de trasladar el resultado de modo pertinente y oportuno, esto es: a quien corresponda y en el momento adecuado.

La comunicación de la inteligencia cobra importancia si consideramos que es el fin del trabajo del analista, puesto que este no cumple su misión hasta que el producto no queda reflejado en un soporte válido para su difusión a quien corresponda.

Comunicación y difusión del producto

Ahora bien, comunicar implica que el destinatario de nuestra inteligencia entienda exactamente lo que le hemos querido decir, y no otra cosa; eso se logra con rigor y precisión, con un empleo correcto del lenguaje. Esto último no es solo escribir sin faltas de ortografía, sino que implica evitar ambigüedades, términos imprecisos, ideas abstractas… El responsable de que la comunicación sea eficaz es el emisor del mensaje, el analista, a quien le corresponde transmitirlo de forma adecuada.

Iniciar la fase de la difusión viene a continuación, cuando llegamos a la conclusión de que el resultado de nuestro análisis es suficientemente bueno como para distribuirlo a los clientes. Y ha de ser de calidad en fondo y forma, porque un buen contenido mal presentado despierta el desinterés y la desgana en el destinatario, justo lo contrario de lo que persigue un buen analista de inteligencia.

Si revisamos el ciclo de inteligencia, la difusión es la última fase, lo que no significa que sea la menos importante. De nada sirve seguir con rigor las otras fases si descuidamos la entrega del resultado final; no olvidemos que la misión del analista es poner a disposición de los clientes la inteligencia pertinente para ayudarle a tomar decisiones con la menor incertidumbre posible.

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